Por lo general, los comerciantes europeos utilizaron el adictivo poder del opio para establecer fuertes vínculos comerciales con China, que deseaba permanecer aislada de los extranjeros (más información aquí, aquí y aquí). De hecho, los chinos apenas habían tenido contacto con el resto del mundo durante siglos. Muchos comerciantes europeos estaban muy interesados en los productos chinos, sobre todo en las sedas y porcelanas, que eran muy populares en Europa. Sin embargo, el Gobierno chino sólo les autorizó a comerciar en un puerto, Cantón (Guangzhou), lo que le permitía controlar mejor las transacciones.
Para solventar este problema, los comerciantes extranjeros comenzaron a introducir opio de contrabando en el país (esta sustancia constituía una importante fuente de ingresos para los británicos y servía para equilibrar su balanza de pagos con China al compensar el gasto de las ingentes cantidades de té chino que Gran Bretaña importaba), de tal forma que los chinos se vieran obligados a intercambiar sus objetos preciosos por esta droga. El Gobierno chino intentó detener este tráfico y en 1839, los oficiales chinos, bajo las órdenes del alto comisionado de Cantón, Lim Tse-hsu, visitaron los almacenes británicos, en donde encontraron y quemaron unas 20000 cajas de opio. Los ingleses se indignaron ante lo que consideraban una confiscación de propiedad privada y, como respuesta, enviaron barcos de guerra que amenazaron a los chinos y sitiaron el puerto. Los chinos se negaron a pagar una compensación, prohibieron el comercio con los ingleses y dispararon sobre las fuerzas británicas. De esta forma comenzó la primera guerra del Opio (1839-1842) entre chinos y británicos.
Como consecuencia de este descalabro el emperador chino hubo de firmar el Tratado de Nanking, por el que se obligaba a China al libre comercio -el del opio incluido- con Inglaterra, a través de cinco puertos (el más importante de ellos Cantón) así como a la cesión de la isla deHong Kong durante 150 años. Este conflicto y su resolución a favor del Imperio Británico facilitó la irrupción en el escenario de otras potencias como Estados Unidos, Francia y Rusia que forzaron a China a firmar diversos convenios que han recibido la denominación de “Tratados desiguales”. Como consecuencia de ellos, en 1860 China se vio apremiada a abrir otros once puertos al comercio exterior con el correspondiente menoscabo de su soberanía. La impotencia china para conservar su independencia frente a las potencias imperialistas se acentuó aún más tras la derrota frente a Japón (1894-1895), que le costó importantes pérdidas territoriales, así como a raíz de la sublevación de los bóxers en 1900.

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