viernes, 26 de diciembre de 2014

Las Guerras Napoleónicas

Fueron una serie de conflictos bélicos que tuvieron lugar durante el tiempo en que Napoleón I Bonaparte gobernó en Francia. Fueron en parte una extensión de los conflictos que estallaron a causa de la Revolución francesa y continuaron, a instigación y gracias al financiamiento de Inglaterra, durante todo el Primer Imperio francés. No existe consenso sobre el momento exacto en que comenzaron estas guerras. Hay quien considera que empezaron cuando Napoleón alcanzó el poder en Francia, en noviembre de 1799, sin embargo otras versiones sitúan el periodo bélico entre 1799 y 1802 en el contexto de las Guerras Revolucionarias Francesas, y consideran la ruptura de la paz y declaración de guerra del Reino Unido a Francia en 1803, que siguió al breve periodo de paz del Tratado de Amiens en 1802 como el punto inicial de las llamadas Guerras Napoleónicas. Las Guerras Napoleónicas, que hoy en día se tiende cada vez más a llamar las «Guerras de Coalición» por haberle sido en realidad impuestas a Napoleón por los aliados, finalizaron el 20 de noviembre de 1815, tras la derrota final de Napoleón en la batalla de Waterloo y el Segundo Tratado de París de 1815. En conjunto, el casi continuado período de guerras comprendido entre el 20 de abril de 1792 y hasta el 20 de noviembre de 1815 es llamado con frecuencia La Gran Guerra Francesa.


Batalla de Waterloo:

Fue un combate librado entre el ejército francés comandado por el emperado rNapoleón Bonaparte y las tropas británicas, holandesas y alemanas dirigidas por el duque de Wellington y el ejército prusiano del mariscal de campo Gebhard Leberecht von Blücher, cerca de la localidad de Waterloo (Bélgica), en junio de 1815.

Tras la vuelta del Emperador de su exilio en la isla de Elba, y al reunirse la Séptima Coalición contra él, Napoleón decide invadir los Países Bajos, donde se están reuniendo tropas de la Coalición. Se enmarca dentro de los denominados Cien Días(véanse las Guerras Napoleónicas).


Tratado de París en 1815:


El tratado, promulgado En nombre de la Santísima e Indivisible Trinidad, era un anticipo del retorno de los Jesuitas exiliados y del nuevo papel de la religión, especialmente de la Católica, como reacción a la era de Napoleón. El tratado era breve, y además de preservar a Francia y a Europa de las convulsiones con las que había sido amenazada por las últimas empresas de Napoleón Bonaparte, los firmantes repudiaban también la Revolución francesa: ...y por los métodos revolucionarios reproducidos en Francia.


El tratado se presenta con el deseo de consolidar, manteniendo inviolable la autoridad real y restaurando las operaciones de la Carta Constitucional, el orden de las cosas que habían sido felizmente restablecidas en Francia. La Carta Constitucional a la que se refiere con tanta esperanza, era la Constitución francesa de 1791, promulgada en las postrimetrías del Antiguo Régimen como consecuencia del estallido de la Revolución. Sus intenciones para el gobierno de Francia podían fácilmente ir por mal camino a pesar de las paternales intenciones de su rey, como el tratado subraya.


El Primer Tratado de París, de 30 de mayo de 1814, y el Acta Final del Congreso de Viena, de 9 de junio de 1815, fueron confirmados en su totalidad en este segundo tratado.

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